
Valles navarros sur
En el camino al sur
no te olvides del tortillón de Lesaka.
Salvador Sabater
La biblioteca circular de Irún es impresionante,
un símbolo de modernidad arquitectónica.
La Isla de los Faisanes pasó desapercibida
entre la belleza ribereña del Bidasoa
y los caseríos llenos de flores y color.
Alguien recordó la semejanza del cañón
con los farallones iniciales del Danubio
en aquel viaje conmemorativo que volvió a unirnos.
La intendencia funcionaba como un reloj,
capaz de enfriar una sandía en el río
mientras la cadena humana elaboraba bocadillos.
Los días de amistad sosegada se sucedían
ansiosos de llegar al balneario salado y centenario
en cuyas aguas flotamos relajadamente.
–Comimos por encima de nuestras posibilidades–,
dije al contemplar la perola repleta de marmitako
mientras un sosías de Mario Bros repartía las viandas.
El sendero de vuelta se llenó de sombras chinescas,
antes de que el sapo enorme se cruzara en el camino.
Quedaba como hito abordable el ascenso al Orokieta
en cuya cima nos esperaba una antología frutal
y la promesa de un descenso bellísimo y sinuoso
hacia el río Gorostieta de pozas heladas y profundas.
Las jornadas ciclistas terminaron en un frontón navarro
con algunos participantes dándole a la pelota
y un festín de merluza al más puro estilo de Asterix le Galois.


















